La Alianza Evangélica Española, como entidad que aglutina la sensibilidad de muchos evangélicos españoles, quiere manifestar su pesar con ocasión del fallecimiento del papa Juan Pablo II. También más allá del aspecto personal reconocemos la importancia global social y política que ha tenido su papado en el  final  de  un  siglo  y  el  inicio  de  otro;  y  como  es  lógico  con  una  especial influencia en el Vaticano, hasta el punto de que su pontificado es un paradigma de lo que la Iglesia Católico-Romana es en el día de hoy.

Es evidente que por un lado Juan Pablo II ha sabido conectar con un sector de la sociedad, que ha visto en él a un hombre cercano en lo personal, y a un defensor de unos criterios morales claros en medio de un momento de confusión en el terreno  de  la  ética.  Sociológicamente  la  Iglesia  Católica  se  ha  convertido, durante el tiempo de su ejercicio ministerial, en el aglutinante de corrientes distintas que se expresan en su seno.

Pero por otra parte entendemos que un papa tan conservador como Juan Pablo II, ha producido un distanciamiento, desconocido en cualquier otra época de la historia, entre las convicciones expresadas por un pontífice y las creencias de aquellos que componen la iglesia católica en su conjunto. A pesar de la aparente apertura al diálogo interreligioso, Juan Pablo II ha sido un papa que se ha reafirmado  en  las  creencias más  exclusivas y monopolizadoras de la  Iglesia Católico – Romana expresadas y reafirmadas en gran parte en el concilio de Trento, sin moverse un milímetro de ellas. Juan Pablo II, que tenía como lema personal “Totus tuus” (Sólo tuyo) dirigido a María, es un papa que no ha estado cercano al espíritu del Evangelio y de los protestantes o evangélicos. Respetando su persona y su celo, Juan Pablo II ha sido un papa no sólo muy Católico, sino a la vez muy Romano.

Reafirmándonos en un documento redactado por la Comisión de Teología de la Alianza Evangélica Mundial, aprobado por la VIII Asamblea celebrada en Singapur en 1886, mientras que reconocemos que hay áreas de posible coincidencia entre el Catolicismo Romano y los evangélicos o protestantes, también afirmamos nuestro llamamiento a ser alternativa a la corriente que representa el catolicismo actual, que en términos de fe es una iglesia que mezcla principios cristianos con otros que no lo son; y en su estructura y actuaciones una institución más cercana a un Estado multinacional que al concepto bíblico de iglesia.

Por último afirmamos una vez más –en la línea de la Reforma protestante- nuestro compromiso con el depósito de la fe contenido como máxima autoridad en la Biblia, que es en términos teológicos un “sí” a Jesucristo, en el poder del Espíritu Santo y para la gloria de Dios el Padre. Creemos que Jesús es la verdadera base de la auténtica Iglesia cristiana y su única cabeza, papel que nada ni nadie puede ni debe usurparle.

Alianza Evangélica Española 

Legalización de la homosexualidad

Entendemos la necesidad de asegurar el derecho a una igualdad jurídica de todos los ciudadanos, y en este sentido abogamos por una equiparación de los derechos civiles de todas las personas, al margen de su orientación sexual.

Sin embargo, queremos matizar que:

El matrimonio heterosexual y la pareja homosexual son hechos y conceptos claramente diferentes. En este sentido no creemos que exista un derecho civil al matrimonio homosexual, siendo el matrimonio una institución esencialmente heterosexual.

Dicho esto, no obstante reconocemos el derechos del Estado a legislar sobre la materia con la enorme responsabilidad que para bien o para mal esto conlleva; siendo también importante enfatizar que la legalidad no significa legitimidad moral , y en este sentido entendemos y manifestamos que la ética cristiana concibe la sexualidad humana dentro del ámbito de la relación matrimonial heterosexual. Cualquier sexualidad que quede fuera de esta esfera entendemos que es contraria a la ética cristiana y al diseño de Dios como creador de esa sexualidad. Partiendo de esa base, la ética cristiana no condena las tendencias, sino que condena la pràctica fuera del ámbito matrimonial heterosexual.

En cuanto a la cuestión de la legalización de la adopción de niños por parte de las parejas homosexuales, aunque el hecho en sí existe de facto en una minoría y alegalidad,  sí  sería  potenciarlo  el  admitirlo  legalmente.  Esta  legalización creemos que se ha hecho precipitadamente, sin tener en cuenta los derechos y posibles perjucios para el niño (cuyos derechos están por encima de los de las personas que forman  la  pareja  homosexual); ya que se ha procedido sin  la reflexión,  el  consenso  y  un  estudio objetivo  adecuados. Entendemos que  es cuanto menos inseguro, afirmar que esta adopción no tendrà efectos sobre los menores adoptados.

Por último, nos preocupa que el ejercicio de una opción de vida desde la orientación homosexual se confunda cada vez más con un derecho humano fundamental. Cualquier estilo de vida (social, político, religioso) puede ser criticado  y  cuestionado  desde  el  respeto.  Es  una  parte  fundamental  de  la libertad de conciencia (éste sí es un derecho fundamental) y los valores democráticos.

Por  todo  lo  cual  desde  la  ética  cristiana  nos  manifestamos  contrarios  a  la equiparación del matrimonio y la pareja homosexual, y desde la  ética y los derechos del niño radicalmente opuestos a la adopción de menores por parte de parejas homosexuales.

 

Alianza Evangélica Española 

Creemos en un Dios que se define así mismo como el defensor de toda criatura humana y especialmente de los débiles (1). En este sentido, la defensa de aquellas personas que han tenido que emigrar de sus países -ya sea por causas económicas, políticas, religiosas o sociales- es tarea de todos aquellos que nos proclamamos seguidores de Jesucristo y un deber para cualquier sociedad justa. Una de las mejores formas de medir el nivel de progreso humano de una sociedad es observar cómo ésta trata a los más desprotegidos.

La xenofobia se fundamenta sobre el temor al extranjero. Todo lo que es extraño puede producir temor, y el temor acaba manifestándose en agresividad. Es por ello esencial hacer un llamamiento al comportamiento reflexivo, a racionalizar nuestros miedos, a contrastar los datos sin tergiversarlos a favor de posturas oportunistas o populistas, que inducen a posiciones hostiles hacia los inmigrantes.

Por todo ello hacemos un llamamiento a la clase política de nuestro país a no utilizar públicamente la inmigración como fuente de incremento de sus expectativas políticas. Pedimos una renuncia expresa a distorsionar los datos con estadísticas parciales, que mostrando una parte de la realidad ocultan la otra deliberadamente.

Las posturas  frente a la inmigración deben traducirse en textos legales que deben ir en la dirección de equiparar los derechos y deberes de los inmigrantes con los de los nacionales. Es así porque los derechos y deberes de las personas no dependen de la nacionalidad o del lugar de nacimiento, sino que les pertenecen por su propia cualidad de seres humanos. La Biblia expresa (2) que “el extranjero que resida entre vosotros será como un nacido entre vosotros”.

Propugnamos que se garantice expresamente el derecho de asilo a todos aquellos cuya vida o derechos fundamentales corren serio peligro en su país de procedencia.

Queremos estimular a la sociedad en general y a la Iglesia Evangélica en particular a convertirse aún más en comunidades de acogida. Por su naturaleza y vocación, las iglesias evangélicas están llamadas a ser lugar de cobijo para los más débiles, entre ellos el extranjero, tal y como vienen desarrollando hasta el presente.

Consideramos necesario un cambio en la cultura de nuestra sociedad para ver a la inmigración no sólo como fuente de problemas sino también de riqueza, tanto en lo económico, como en lo social.  Denunciamos la explotación de la mano de obra ilegal y barata de la que son objeto los inmigrantes, lo cual constituye una nueva forma de esclavitud. Es importante encontrar el léxico correcto para referirnos a los inmigrantes, ya que un determinado vocabulario (“personas ilegales”, “sin papeles”, etc.) presupone a menudo la expresión de un prejuicio que predispone negativamente.

Reconocemos como muy valiosa la aportación espiritual que las personas extranjeras han tenido – y siguen teniendo – sobre el conjunto de la sociedad española y en especial en las iglesias evangélicas.

Entendemos la necesidad de los estados de regular los flujos migratorios y la política de fronteras.  Reconocemos  que  se  debe  evitar  que  los  flujos  de  entrada  superen  la capacidad de recepción de la sociedad de acogida; ya que si no podría llegarse a la situación en la que la sociedad receptora no pudiera garantizar los derechos ni de los nacionales, ni de los recién llegados.

Consideramos importante que los inmigrantes asuman la necesidad de integrarse socialmente en el país de acogida y así evitar la formación de guettos culturales, sin que ello suponga un menoscabo para su identidad. Una verdadera sociedad de acogida será aquella que facilite al máximo este proceso de integración.

  1. Salmo 68:5
  2. Levítico 19:34

Alianza Evangélica Española

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