Crisis de Refugiados en la CEE: posiciones políticas

1. Las respuestas generales, nacionales e internacionales han sido insuficientes o vergonzosamente poco éticas
1.1. Todo ser humano está hecho a imagen de Dios, tiene infinito valor y dignidad y derechos innatos. Nuestras actitudes, políticas y acciones deben tomar forma basándose en estas verdades a la hora de considerar a cada refugiado que se está trasladando a Europa desde una guerra o barbarie, sin importar si está en camino, si ya le han reconocido su estatuto o si está aprendiendo a integrarse.
1.2. Al mirar las actitudes políticas y sociales europeas y la (in)acción a través de este filtro (ver 1.1), se ponen en evidencia nuestras deficiencias. Pero también se ponen en evidencia los fallos de otras naciones y, por supuesto, de las personas que han causado el horror del que huyen los refugiados.
1.3. Es un trágico fracaso que los estados miembros no hayan podido encontrar la manera de trabajar juntos a fin de responder justa y eficazmente a la crisis de refugiados. Si la tarea se hubiera distribuido de forma más justa, la tensión en algunos países sería menor y se podría atender a más refugiados.
1.4. Según la agencia de refugiados de las Naciones Unidas (ACNUR), el Reglamento Dublín III (el reglamento marco de la UE sobre inmigración que se centra en medidas de protección contra la inmigración no deseada) ha causado indirectamente que países como Grecia, República Checa y Hungría estén sobrecargados por los recién llegados, y que los solicitantes de asilo reciban un trato injusto.[1] Otras medidas de “protección” también han tenido como consecuencia que los esfuerzos de “búsqueda y rescate” de personas o embarcaciones de inmigrantes en peligro hayan sido en gran medida insuficientes. En el año 2015, en comparación con el 2014 (cuando los esfuerzos fueron más efectivos), el número de personas que se han ahogado en el mar Mediterráneo tratando de cruzar a Europa desde las costas sur y este, víctimas de contrabandistas y otros delincuentes, se ha multiplicado por 10. La UE y sus estados miembros han recibido justas críticas por esto, e incluso alguna condena.[2] Los estados deben revisar esta política y cambiar la filosofía de medidas de protección contra la inmigración no deseada por medidas de protección y trato justo para todos los posibles inmigrantes.
1.5. Por lo tanto es injusto que algunas naciones hayan procurado evitar acoger a personas necesitadas de protección, especialmente a refugiados. Da igual que estas personas sean refugiados o que sean inmigrantes económicos; todos merecen ser tratados con compasión, que se atiendan sus necesidades físicas inmediatas y que su estatus legal se procese de forma eficiente.
1.6. Debemos llamar la atención a las naciones que no tienen un sistema justo para valorar si alguien debe recibir estatuto de refugiado y si se le permite quedarse o no. Hay normas establecidas para ello en el derecho internacional. Se debe ofrecer ayuda urgente para adecuar los sistemas a los estándares internacionales.

1.7. Es injusto que las autoridades hayan ignorado en muchas ocasiones a los niños no acompañados y a otros refugiados especialmente vulnerables. Todos deben estar bien cuidados y recibir protección.
1.8. Es injusto que algunas naciones hayan querido acoger sólo a refugiados cristianos. Resulta irónico que algunos lo hayan hecho con el fin de proteger su “nación cristiana”. La Biblia deja muy claro que los cristianos están llamados a responder con compasión a todos los que están en necesidad inmediata. A las naciones también se les pide que den la bienvenida al extranjero, siempre que el extranjero colabore en la integración. La mayoría de los líderes cristianos sirios desaprueban cualquier favoritismo hacia refugiados cristianos.
1.9. Cada acto de búsqueda de chivos expiatorios, abuso, violencia o explotación se debe condenar y en ningún caso se puede ignorar. Resulta vergonzoso que los refugiados hayan sido atacados, sus alojamientos quemados, sus bienes robados, que hayan quedado a merced de traficantes de seres humanos o se hayan tenido que hacer frente a la corrupción y al trato inhumano de una pequeña minoría de funcionarios.
1.10. El número de refugiados por los que se tienen que preocupar los países europeos es pequeño en comparación con países no europeos como Jordania y Líbano. Sin embargo, especialmente en un momento de dificultad económica, no es sorprendente que los europeos estén preocupados por el número de refugiados que vienen, el coste y el impacto potencial sobre el empleo y los servicios públicos. También es normal que a los vecinos les preocupe que un gran número de extranjeros vaya a llegar a su comunidad. Estas preocupaciones deben tomarse en serio, pero sin incitar al prejuicio contra todos los refugiados. Los factores económicos no se pueden ignorar, pero no pueden prevalecer sobre la dignidad humana de cada refugiado ni sobre nuestra obligación internacional de ayuda.
2. Debemos reconocer activamente un límite a la generosidad de los países anfitriones
2.1. Es injusto que la gente en general, y en este caso en particular los refugiados, se crean que tienen privilegios, exijan ayuda de forma desagradecida y olviden que se están beneficiando de la buena voluntad de innumerables personas. Se debe animar a los refugiados a que contribuyan al bienestar de su nuevo país lo antes posible. Esto debe hacerse no en un ambiente de obligación, sino de reconstrucción de la autoestima, evitando la dependencia y fomentando la colaboración, la buena voluntad y una recuperación e integración con éxito.
2.2. Hay muchos millones más de personas que viven en condiciones horribles, en peligro de guerra o barbarie o incapaces de sobrevivir físicamente. En los próximos años, podría aumentar fácilmente el número de personas desesperadas. Es ingenuo pensar que Europa podría recibirlos a todos. No podemos ignorar las causas de esta crisis de refugiados. Esto implica más inversión en esfuerzos diplomáticos y en asistencia internacional. También tenemos que trabajar en asociación con otros países. Esta es una crisis mundial, y los demás países deben participar en la respuesta.
2.3.Es comprensible que algunos países o regiones, una vez que han acogido a un gran número de refugiados, sientan que no pueden acoger muchos más. Los políticos han de tener el apoyo de la comunidad de acogida, o será complicado que la integración se consiga con éxito. Sin embargo, esta actitud se tiene que cuestionar en los países que han aceptado un número desproporcionadamente bajo de refugiados, a menudo debido a actitudes hostiles de la población. La dureza de corazón y el nacional-populismo están equivocados. Hacer nada o muy poco y esperar que otras naciones asuman la tarea es injusto. Hacer caso omiso de innumerables personas desesperadas es incorrecto. No se puede devolver a los refugiados al mar.
2.4. Es ingenuo pensar que todas las personas que vienen a Europa son necesariamente refugiados. Algunos emigran para huir de dificultades extremas, mejorar sus habilidades, encontrar o crear un trabajo, reunirse con miembros de su familia o simplemente para mejorar su nivel de vida. Se deben aplicar normas apropiadas para decidir si cada posible inmigrante puede tener derecho a quedarse. Sin embargo, no siempre es fácil tomar decisiones: algunos emigran porque, debido a una miríada de posibles razones, han perdido la protección de su país de origen (individualmente o como comunidad), y por lo tanto son refugiados. A la vez que controlamos cómo se toman las decisiones, debemos abstenernos de etiquetar como mentirosos a solicitantes de asilo que no han conseguido el estatuto, o a las autoridades como insensibles e injustas. Y, con la crisis actual, cuando los recursos se estiran, cuando las autoridades deben mantener el apoyo de la población general, es importante conceder estatuto de refugiado a aquellas personas que se cree que están en serio peligro porque su país de origen no les protege.
2.5. Muchos otros inmigrantes también han sufrido traumas enormes y han perdido todo en su viaje a Europa, a menudo debido a las políticas migratorias auto protectoras de las naciones europeas. Muchos no han elegido la emigración, o sus vidas anteriores eran intolerables: a estos se les llama inmigrantes forzados o personas desplazadas por la fuerza. Si las autoridades deciden que tienen que volver a su país, solamente pueden volver una vez que se hayan recuperado, y deben contar con algún tipo de asistencia para ayudarles a regresar. Nadie debe ser forzado a volver a una situación de peligro.


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