¿Hay lugar para la esperanza en un campo de refugiados?

Si tuvieras la oportunidad de pasearte por uno de los  campo de refugiados dónde opera nuestra contraparte en Líbano te sorprenderías por la cantidad de niños que están en la calle. Muchos de ellos han sido abusados y son víctimas del tráfico de personas. Nosotros hacemos lo que está en nuestra mano para ayudar a estos niños con ropa de abrigo, calzado, comida y otras necesidades básicas. Sin embargo, uno de ellos me impactó especialmente.
Abrahamtiene 10 años de edad y siempre está de pie en el aparcamiento donde normalmente estaciono. Un día le pregunté: “¿Qué es lo que estás haciendo aquí?” y me respondió: “Trabajo en este parking de 7:00 a 21:00 con lo que el propietario del parking me paga 20$ por semana”. Le pregunté: “¿Por qué trabajas?” y él me respondió: “mi padre nos abandonó y tengo que mantener a mi madre y a mis hermanos pequeños. Huimos de la guerra en Siria y ahora soy el único capaz de trabajar y alimentar a la familia”. Desde entonces nos hicimos amigos y le visito diariamente en el aparcamiento donde trabaja cuando voy a aparcar. Le doy algo de dinero y ropa de abrigo y hablamos un poco cada día.
Mi corazón se quebranta al ver estos niños en las calles, con tanta responsabilidad y cargas sobre sus hombros. Son tan jóvenes y tan necesitados de amor, atención y educación. ¡Les han robado su infancia y a los 10 años de edad ya tienen la responsabilidad de alimentar y mantener a sus familias! Cuando le doy algo de comida, siempre lo guarda y me dice: “Lo voy a guardar para más tarde para compartirlo con mis hermanos”.


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