Iglesia Católica, ecumenismo y diálogo

1-   Como cristianos partimos de una realidad fundamental: la existencia de un único Dios en tres personas y que ese Dios tiene una sola Iglesia. La unidad de esa Iglesia está basada en la unidad de Dios en la trinidad.

Son características de esa única Iglesia la unidad y la santidad, como reflejo de Yahvé, el Dios que se revela en la Biblia. La unidad de esa iglesia en la Biblia no se fundamenta en la creación de instituciones, sino que es una unidad sustentada en reflejar el carácter de Cristo y en vivir para la misión de Dios.

Por ello no hay estructuras terrenales que sean una traducción perfecta de la Iglesia de Jesucristo. Preguntarse sobre qué estructura visible es la Iglesia de Jesucristo es una pregunta que no lleva a ninguna respuesta.

La pregunta debe ser si nosotros como individuos pertenecemos a esa Iglesia y en qué medida nuestras Iglesias locales reflejan y forman parte de la Iglesia de Cristo.

2-   Desde una perspectiva evangélica, hay tres temas fundamentales cuando pensamos en la relación y diálogo formal con la Iglesia Católica Romana. Las diferencias en estos temas son de una importancia tal que hace que no existan las bases sobre las que edificar una relación de comunión espiritual.

  1. La cuestión de la autoridad. La doctrina católica expresada de forma muy constante afirma que la autoridad dentro la ICR viene asentada de manera equiparable de la Biblia y de la tradición, expresada esta a través de los concilios de la ICR y de las declaraciones ex cátedra de los Pontífices Romanos. La interpretación autorizada de la Biblia y la tradición la realiza el magisterio de la ICR que da el verdadero sentido de ambas.

Para los cristianos de perspectiva evangélica la autoridad está sólo en la Biblia. La Biblia tiene la autoridad de marcarle el rumbo a la Iglesia y ésta tiene que estar constantemente reformándose a la luz de dichas Escrituras.

2. La cuestión de la salvación. Para los cristianos hay un problema esencial que es el problema del pecado. Todos los seres humanos se han echado moralmente a perder por causa del m Todos nos hemos alejado de Dios. La solución de Dios es lo que llamamos la salvación, éste es el punto clave, la división entre la vida y la muerte.

Desde la perspectiva católica la salvación es por gracia, pero hay un espacio para el mérito humano. Esa salvación se apropia por la fe, pero hay un espacio para las obras para alcanzar la salvación.

Para los cristianos evangélicos, basados en la única autoridad de la Biblia, la salvación es algo que sólo Dios ha conseguido por la entrega de Cristo a la muerte en nuestro lugar. Es una gracia y como tal inmerecida, lo que significa sin intervención de méritos humanos. Sólo se apropia por la fe, sin el añadido de las obras. El papel de las obras en la vida cristiana es importante pero es sólo la respuesta agradecida a la salvación obtenida por Dios sin mérito ni participación alguna por parte del ser humano. 3

3.La posición única de Jesús. Tanto católicos como evangélicos asumimos la necesidad de una mediación entre el Dios al que dimos la espalda todos los seres humanos y ese ser humano.

Sin embargo, dentro de la ICR la posición de Jesucristo, el Hijo de Dios, como mediador, siendo distintiva, no es única. En su perspectiva hay una gradación de mediaciones entre Dios y los seres humanos realizada por la Virgen María y aquellos seres humanos en los que la ICR ha reconocido una santidad especial.

Los cristianos evangélicos sostenemos la convicción, según leemos en las Escrituras, de que la mediación de Cristo ante el Padre es única y no hay necesidad de ninguna otra.

3-   Hay que recordar que el origen del movimiento ecuménico actual no se inició como una forma de relación con la Iglesia de Roma, sino con la relación dentro del movimiento protestante: el movimiento ecuménico surgió a mediados del siglo XIX con la creación de la Alianza Evangélica y tuvo expresiones claves como la Conferencia de Edimburgo de  1910, como una respuesta a la necesidad de coordinar los esfuerzos misioneros de las diferentes denominaciones protestantes. “La evangelización del mundo en esta generación” fue su lema. Por tanto, el ecumenismo hoy debe recuperar sus prioridades iniciales:

a. un mayor énfasis en el entendimiento y la concertación entre las denominaciones protestantes. Relajar la obsesión del foco del diálogo con Roma y redirigirlo al diálogo interdenominacional evangélico.

b. mantener el diálogo teológico interdenominacional evangélico, pero reforzar más  la  acción  coordinada  de  los  movimientos  protestantes.  Evangelizar juntos es la mejor forma de hacer ecumenismo: tiene el efecto directo de recordarnos que somos hijos del mismo Padre y predicamos el mismo Evangelio, y el efecto indirecto de que nos ayuda a definir los elementos más básicos y profundos del mensaje que compartimos, lo que ayuda al aspecto teológico del ecumenismo.

4-   El ecumenismo de la ICR frecuentemente se convierte en una discusión sobre cómo debemos  hacer  los    que no pertenecemos  a la institución para volver  a ella.  El ecumenismo católico es el camino de regreso a la que se percibe a sí misma como única Iglesia. Nuestra relación con la Iglesia Católica debe establecerse en un terreno de juego comúnmente acordado; y el único terreno de juego que compartimos es la Palabra.

5-   La “cobeligerancia” o lucha por elementos, valores e intereses comunes,   es útil y abre  puentes  de  confianza  mutua.  Es  bueno  explorar  posibilidades  de “cobeligerancia”  con  otras  confesiones  (no  sólo  la  católica  y  la  ortodoxa),  pero evitando la apropiación indebida del protagonismo por parte de nadie: cualquier iniciativa compartida debe garantizar la visibilidad y la responsable participación en las decisiones de todas las confesiones participantes.

6-   Creemos en el diálogo con la sociedad y, como parte de la sociedad, con la Iglesia Católica. La función de ese diálogo debe ser el conocer claramente las posiciones del otro.  Es importante conocer lo que preocupa al otro en sus propias palabras.

Hay varios riesgos sobre lo que no nos es propio: 

  1. Hacerse una caricatura de las creencias del otro en lugar de conocer la verdad. Sobre la base de esa caricatura que nosotros nos hemos hecho atacarla y menospreciarla.
  2.  Atribuir convicciones, doctrinas e intenciones que realmente no están en el otro. En muchas ocasiones juzgamos a los demás, no por lo que ellos dicen de sí mismos, sino por lo que nosotros les atribuimo Eso ocurre en ocasiones por cierto sentido de ingenuidad. La cultura occidental, sintiéndose muy superior a otras culturas, juzga creencias y atribuye representatividades a quien no tiene ninguna.

A veces los evangélicos hemos analizado las creencias de la ICR desde una perspectiva evangélica. Un ejemplo de ello ha sido el atribuir una doctrina a los católicos porque un obispo determinado o un teólogo determinado sostenga dicha creencia. En una perspectiva evangélica de libre examen eso sería correcto, pero no podemos entender que en una estructura católica, juzgando al católico desde una perspectiva católica, quien define la creencia católica es el magisterio de la Iglesia y eso se expresa en el catecismo, en las declaraciones papales, en las declaraciones de los concilios que siguen siendo vigentes, etc.

 

Equipo de Autorización 



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