En relación con el debate acerca de la organización territorial que vive nuestro país, buscando una reflexión serena y una respuesta adecuada desde una perspectiva cristiana, como Alianza Evangélica Española quisiéramos aportar las siguientes ideas:

  1. La Iglesia siempre ministra en un marco dado que ha recibido. La Iglesia no ha sido llamada a fijar el marco territorial en el que realiza su misión. Más allá del marco que fijan los ciudadanos con sus votos y las autoridades con sus decisiones, la Biblia nos habla que es Dios el que fija los tiempos y los límites geográficos en los que viven las naciones: “de uno hizo todas las naciones del mundo para que habitaran sobre toda la faz de la tierra, habiendo determinado sus tiempos señalados y los límites de su habitación” (Hechos 17: 26). Jesús mismo fue habitante de un país en un momento complejo de su historia en el que el pueblo judío deseaba liberarse de los ocupadores romanos y en el que mucha gente puso la mirada en Jesús esperando que él sería una clase de Mesías, libertador político y milit Pero Jesús rechazó explícitamente esa visión de su ministerio y nos señaló con claridad que el Reino que había venido a establecer no era de este mundo.
  2.  Cuando la Iglesia no ha guardado el modelo de Jesús, sino que ha sido confundida por el paradigma del “constantinismo”, ha perdido capacidad de realizar la función para la que Jesús la envió, la misión de D El papel de la Iglesia es ser Iglesia en medio de las situaciones cambiantes en las que viven los pueblos, su función es traer esperanza y un mensaje de salvación y restauración en medio de las peores crisis.
  3.  La función de la Iglesia sí tiene implicaciones políticas, pero quien define los objetivos y los métodos no es el calendario de la sociedad a su alrededor, sino los objetivos del Reino de Dios. Jesús mismo en Lucas 4: 16 – 21, citando al profeta Isaías, formula una declaración de propósito de su vida y ministerio: anunciar el evangelio a los pobres, proclamar libertad a los cautivos, recuperación de vista a los ciegos, libertad a los oprimidos, … Todo ello es una muestra del año favorable del Señor que nos trae claras reminiscencias de la institución del jubileo proclamado por Dios en el Antiguo Testamento como una institución que venía a devolver la justicia cuando esta se había perdido. En este sentido la Iglesia debe sintonizar con estos objetivos del Reino, nosotros hemos sido enviados a la misma misión que trajo al hijo de Dios al mundo, que en palabras de 1 de Juan 3: 8 es “destruir las obras del diablo”. Quien marca nuestra agenda política como Iglesia no es la sociedad sino el llamamiento de Dios a ser agentes de cambio.
  4. Los cristianos somos ciudadanos del Reino de Dios, nuestra ciudadanía y nuestras lealtades, por encima de nuestros legítimos sentimientos culturales y políticos, pertenecen al Reino de Dios. Este Reino de Dios, que en una parte muy importante coincide con la Iglesia, es un organismo transnacional, transgeneracional y transcultural donde todas las distinciones que aquí nos separan -lealtades nacionales, sexo, etnicidad, capacidad económica, etc.- han sido derribadas para llegar a ser uno en Crist La unidad de la Iglesia es tal porque refleja la unidad de la Trinidad y quien la produce es el Espíritu Santo que vive en cada uno de los cristianos. La Iglesia está aquí para rogar a la sociedad la reconciliación con Dios, por ello debe vivir como una sociedad reconciliada. El testimonio de una Iglesia que es comunidad en el más profundo sentido de la palabra constituye un modelo de relaciones para la sociedad entera.
  5.  Mientras afirmamos que la Iglesia como tal no tiene el papel de definir la organización territorial, también afirmamos que los miembros individuales de la Iglesia pueden legítimamente tener preferencias, convicciones y sentimientos en este te Ninguna opción puede reclamar para sí el estar más de acuerdo con las Escrituras que la otra, porque no hay una postura específicamente cristiana. Lo que los cristianos debemos recordar es que somos extranjeros y peregrinos aquí, que nuestros anhelos están puestos en una ciudad que no procede de esta tierra, y que tenemos el llamamiento de vivir en la tierra como ciudadanos del Reino de los cielos. Estas realidades, en lugar de evadirnos de nuestras responsabilidades cívicas, nos hacen más conscientes del transcendental papel que tenemos en medio de las situaciones difíciles y de las crisis; este rol consiste en presentar un evangelio que es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree y luchar en contra de las estructuras del mal y del pecado allí donde éste se halle, incluído el interior de nuestro corazón.
  6. Vemos con preocupación la forma en la que algunos cristianos se manifiestan en materia política y en especial en temas sensibles como el que nos ocupa. Percibimos con desazón cómo algunos cristianos se expresan de formas totalmente alejadas de la gracia y la misericordia que Jesús mostraba con los que le rechazaban, y recurren a una descalificación verbal que tiene más de “hooliganización” que de discrepancia expresada “con  gracia y sazonada con sal” ( Col. 4:6). La extensión del fenómeno apunta a la necesidad de que las Iglesias locales invirtamos mucho más esfuerzo en un discipulado profundo e inten Temas como éste nos muestran que a veces la extensión de la iglesia visible no se corresponde con una profundidad de la fe. Un cristianismo que no transforma todas las áreas de la vida no es la fe que vino Jesús a proclamar. Corremos el riesgo de convertirnos en gente religiosa, que mantiene unas determinadas prácticas, pero que niega la eficacia de la fe.
  7. Queremos hacer un llamamiento a considerar que, independientemente de lo que ocurra en el presente y en el futuro, nada cambie la relación de los cristianos de los distintos territorios. No debemos permitir que la sociedad, las decisiones políticas o los cambios geopolíticos nos marquen el tipo de relaciones que vamos a mantener como cristianos. Somos el pueblo de Dios y esta hermandad es un vínculo que está por encima de cualquier diferencia y que compartimos con los cristianos del mundo entero. Abogamos por seguir trabajando conjuntamente, abogamos por enfocarnos en el objetivo de que todos tengan la oportunidad de escuchar el evangelio y de verlo reflejado en la forma en la que la comunidad de Jesús se relaciona. Vivir misionalmente como comunidad es reconocer las palabras del Maestro: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis los unos a los otros”.

 

Equipo de Autorización

La Alianza Evangélica Española en su última Asamblea tomó la decisión de no solicitar subvenciones al Estado y organismos dependientes de él, concedidas como apoyo a confesiones religiosas por el hecho de serlo. Con ello queremos profundizar en una línea de actuación que ha sido la mayoritaria a lo largo de los años entre los evangélicos en España y que es coherente con la actuación del Protestantismo desde la Reforma.

Este posicionamiento no incluye a aquellas subvenciones concedidas para proyectos de ayuda social a la comunidad y que se conceden en igualdad con otros prestadores de servicios sociales, sin atender a su consideración religiosa o no. Consideramos estas subvenciones no sólo legítimas, sino llenas de coherencia con el objetivo que persiguen. No representan trato de favor o discriminación positiva o negativa por el

hecho de ser entidad religiosa quien las pida. Simplemente una entidad religiosa presta un servicio que la sociedad valora, que es útil a un colectivo importante de la población y que se presta con criterios de calidad y puede y debe ser financiado independientemente de la ideología de quien lo presta.

Otra consideración nos merece el hecho de aceptar subvenciones dirigidas específicamente a entidades religiosas y por el hecho de serlo. Nuestro posicionamiento, y el de la mayoría de las Iglesias Evangélicas a lo largo del tiempo, ha sido el de no aceptar este tipo de subvenciones, ya que la financiación de nuestras actividades es un privilegio de los creyentes y puede llegar en determinadas ocasiones a coartar la independencia de criterio de la organización que las recibe.

Nuestra toma de postura afecta, obviamente, a nuestra entidad. No queremos prejuzgar la actuación de cualquier otra entidad religiosa que tenga una postura diferente. Lo que nos mueve es ser más coherentes con nosotros mismos.

La Alianza ha recibido básicamente, en los últimos años, una subvención anual de la Fundación Pluralismo y Convivencia dirigida a mejorar aspectos de su proyecto de comunicación Protestante Digital, aunque siempre con la visión de que su funcionamiento no dependiese económicamente de esta aportación. La Alianza, con esta decisión, está dando un paso de fe descansando en la provisión del Señor y el compromiso de su pueblo.

 

Amable Morales                      Jaume Llenas

Presidente                                   Secretario general

1-   Como cristianos partimos de una realidad fundamental: la existencia de un único Dios en tres personas y que ese Dios tiene una sola Iglesia. La unidad de esa Iglesia está basada en la unidad de Dios en la trinidad.

Son características de esa única Iglesia la unidad y la santidad, como reflejo de Yahvé, el Dios que se revela en la Biblia. La unidad de esa iglesia en la Biblia no se fundamenta en la creación de instituciones, sino que es una unidad sustentada en reflejar el carácter de Cristo y en vivir para la misión de Dios.

Por ello no hay estructuras terrenales que sean una traducción perfecta de la Iglesia de Jesucristo. Preguntarse sobre qué estructura visible es la Iglesia de Jesucristo es una pregunta que no lleva a ninguna respuesta.

La pregunta debe ser si nosotros como individuos pertenecemos a esa Iglesia y en qué medida nuestras Iglesias locales reflejan y forman parte de la Iglesia de Cristo.

2-   Desde una perspectiva evangélica, hay tres temas fundamentales cuando pensamos en la relación y diálogo formal con la Iglesia Católica Romana. Las diferencias en estos temas son de una importancia tal que hace que no existan las bases sobre las que edificar una relación de comunión espiritual.

  1. La cuestión de la autoridad. La doctrina católica expresada de forma muy constante afirma que la autoridad dentro la ICR viene asentada de manera equiparable de la Biblia y de la tradición, expresada esta a través de los concilios de la ICR y de las declaraciones ex cátedra de los Pontífices Romanos. La interpretación autorizada de la Biblia y la tradición la realiza el magisterio de la ICR que da el verdadero sentido de ambas.

Para los cristianos de perspectiva evangélica la autoridad está sólo en la Biblia. La Biblia tiene la autoridad de marcarle el rumbo a la Iglesia y ésta tiene que estar constantemente reformándose a la luz de dichas Escrituras.

2. La cuestión de la salvación. Para los cristianos hay un problema esencial que es el problema del pecado. Todos los seres humanos se han echado moralmente a perder por causa del m Todos nos hemos alejado de Dios. La solución de Dios es lo que llamamos la salvación, éste es el punto clave, la división entre la vida y la muerte.

Desde la perspectiva católica la salvación es por gracia, pero hay un espacio para el mérito humano. Esa salvación se apropia por la fe, pero hay un espacio para las obras para alcanzar la salvación.

Para los cristianos evangélicos, basados en la única autoridad de la Biblia, la salvación es algo que sólo Dios ha conseguido por la entrega de Cristo a la muerte en nuestro lugar. Es una gracia y como tal inmerecida, lo que significa sin intervención de méritos humanos. Sólo se apropia por la fe, sin el añadido de las obras. El papel de las obras en la vida cristiana es importante pero es sólo la respuesta agradecida a la salvación obtenida por Dios sin mérito ni participación alguna por parte del ser humano. 3

3.La posición única de Jesús. Tanto católicos como evangélicos asumimos la necesidad de una mediación entre el Dios al que dimos la espalda todos los seres humanos y ese ser humano.

Sin embargo, dentro de la ICR la posición de Jesucristo, el Hijo de Dios, como mediador, siendo distintiva, no es única. En su perspectiva hay una gradación de mediaciones entre Dios y los seres humanos realizada por la Virgen María y aquellos seres humanos en los que la ICR ha reconocido una santidad especial.

Los cristianos evangélicos sostenemos la convicción, según leemos en las Escrituras, de que la mediación de Cristo ante el Padre es única y no hay necesidad de ninguna otra.

3-   Hay que recordar que el origen del movimiento ecuménico actual no se inició como una forma de relación con la Iglesia de Roma, sino con la relación dentro del movimiento protestante: el movimiento ecuménico surgió a mediados del siglo XIX con la creación de la Alianza Evangélica y tuvo expresiones claves como la Conferencia de Edimburgo de  1910, como una respuesta a la necesidad de coordinar los esfuerzos misioneros de las diferentes denominaciones protestantes. “La evangelización del mundo en esta generación” fue su lema. Por tanto, el ecumenismo hoy debe recuperar sus prioridades iniciales:

a. un mayor énfasis en el entendimiento y la concertación entre las denominaciones protestantes. Relajar la obsesión del foco del diálogo con Roma y redirigirlo al diálogo interdenominacional evangélico.

b. mantener el diálogo teológico interdenominacional evangélico, pero reforzar más  la  acción  coordinada  de  los  movimientos  protestantes.  Evangelizar juntos es la mejor forma de hacer ecumenismo: tiene el efecto directo de recordarnos que somos hijos del mismo Padre y predicamos el mismo Evangelio, y el efecto indirecto de que nos ayuda a definir los elementos más básicos y profundos del mensaje que compartimos, lo que ayuda al aspecto teológico del ecumenismo.

4-   El ecumenismo de la ICR frecuentemente se convierte en una discusión sobre cómo debemos  hacer  los    que no pertenecemos  a la institución para volver  a ella.  El ecumenismo católico es el camino de regreso a la que se percibe a sí misma como única Iglesia. Nuestra relación con la Iglesia Católica debe establecerse en un terreno de juego comúnmente acordado; y el único terreno de juego que compartimos es la Palabra.

5-   La “cobeligerancia” o lucha por elementos, valores e intereses comunes,   es útil y abre  puentes  de  confianza  mutua.  Es  bueno  explorar  posibilidades  de “cobeligerancia”  con  otras  confesiones  (no  sólo  la  católica  y  la  ortodoxa),  pero evitando la apropiación indebida del protagonismo por parte de nadie: cualquier iniciativa compartida debe garantizar la visibilidad y la responsable participación en las decisiones de todas las confesiones participantes.

6-   Creemos en el diálogo con la sociedad y, como parte de la sociedad, con la Iglesia Católica. La función de ese diálogo debe ser el conocer claramente las posiciones del otro.  Es importante conocer lo que preocupa al otro en sus propias palabras.

Hay varios riesgos sobre lo que no nos es propio: 

  1. Hacerse una caricatura de las creencias del otro en lugar de conocer la verdad. Sobre la base de esa caricatura que nosotros nos hemos hecho atacarla y menospreciarla.
  2.  Atribuir convicciones, doctrinas e intenciones que realmente no están en el otro. En muchas ocasiones juzgamos a los demás, no por lo que ellos dicen de sí mismos, sino por lo que nosotros les atribuimo Eso ocurre en ocasiones por cierto sentido de ingenuidad. La cultura occidental, sintiéndose muy superior a otras culturas, juzga creencias y atribuye representatividades a quien no tiene ninguna.

A veces los evangélicos hemos analizado las creencias de la ICR desde una perspectiva evangélica. Un ejemplo de ello ha sido el atribuir una doctrina a los católicos porque un obispo determinado o un teólogo determinado sostenga dicha creencia. En una perspectiva evangélica de libre examen eso sería correcto, pero no podemos entender que en una estructura católica, juzgando al católico desde una perspectiva católica, quien define la creencia católica es el magisterio de la Iglesia y eso se expresa en el catecismo, en las declaraciones papales, en las declaraciones de los concilios que siguen siendo vigentes, etc.

 

Equipo de Autorización 

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