Ante el rescate del sistema financiero español

 

El Eurogrupo acaba de poner a disposición del FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) 100.000 millones de euros. En su rueda de prensa el Sr. Ministro ha citado repetidas veces la palabra “transparencia” y, en efecto, la transparencia debe iluminar el trayecto que nos queda por delante.

Los antecedentes hasta aquí no son prometedores: hasta las vísperas el gobierno había venido insistiendo en que no pediría el rescate, y aún el mismo día en que lo pidió negó valerosamente que hubiese recibido presiones de la UE; quizás para demostrar su congruencia insistió en que no se trata de un rescate, sino de un préstamo, pero lo cierto es que no dejará de tener repercusiones sobre la población general. Mucho menos transparente ha sido la gestión de Bankia, el principal desencadenante de la situación, cuyos dirigentes, entre otras cosas, presentaron unos beneficios de 300 millones, cuando los datos reales revelan unas pérdidas de 23.500 millones.

En medio de esto, el responsable de la subcomisión parlamentaria del FROB es destituído (más confusión: se dice que en realidad había presentado la dimisión antes) por aventurar que el rescate no sería el apocalipsis. Y justamente apocalipsis es lo que necesitamos, apocalipsis en su sentido etimológico: “revelación”, porque es obligación moral y política del gobierno revelar la realidad con transparencia. De nada vale ocultársela a la población, esperando que pase la tormenta, con el pretexto de evitar la alarma, que ese parece el criterio de relación con la ciudadanía de los gobiernos de uno y otro signo. Fue esto lo que justificó la negación de la crisis por el anterior gobierno, sus “brotes verdes” y su afirmación de que el sistema financiero español era modelo para las naciones. Y es esta ocultación la que practican los responsables financieros, como el Sr. Rato, que hace sólo un mes decía que Bankia gozaba de robusta solvencia y liquidez.

TRANSPARENCIA

La transparencia exige explicar por qué hemos llegado hasta aquí, y lo sucedido en Bankia es fundamental en todo este proceso: su agujero supone más de la mitad de los 40.000 millones que hay que inyectar al sistema financiero español. Tenemos, por tanto, que conocer las causas reales que   han   originado   y   desarrollado   el   proceso   de   Bankia,   por   dos   motivos:   para   exigir responsabilidades y para evitar una repetición de lo sucedido, porque en realidad este caso es la repetición de otros agujeros en bancos, cajas, obra pública, etc, aunque este sea un socavón que nos arrastra a todos. Este país no puede acostumbrarse a tomar como inevitable tanto “imprevisto” agujero, que tanta corrupción ha escondido. 

Sin transparencia no hay confianza y la falta de confianza se paga con prima de riesgo; es fácil acusar a los mercados de especular con la deuda española exigiendo rentabilidades poco realistas, pero lo cierto es que su problema era que no se creían las cifras que daba España sobre la situación real de sus  administraciones  y  sus  bancos;  era  una  cuestión  de  décifit,  pero  déficit  sobre  todo  de credibilidad. No hay duda de que la prima de riesgo se reduce generando confianza, y ésta es imposible sin transparencia.

Pero hay otra razón más básica para actuar con transparencia: los gobernantes ejercen su función por delegación y, por tanto, tienen la obligación moral y política de rendir cuentas pormenorizadamente a la ciudadanía, informando con veracidad; no es una opción ni un gesto; es una obligación. En su momento aplaudimos desde la Alianza Evangélica Española la decisión del gobierno de desarrollar una Ley de Transparencia, una ley que aporta un plus de vigor, credibilidad y autoridad moral a la democracia española; no es congruente que se expongan así al público presupuestos, responsabilidades, funciones o  remuneraciones de la  administración pública y  se oculten actuaciones financieras y responsabilidades como las de Bankia, que tendrán profundas repercusiones en los bolsillos de todos nosotros.

ACCOUNTABILITY, CHECKS AND BALANCES

El sistema democrático surge de un sistema de valores y no puede desarrollarse sin ellos; de hecho la democracia ha de estar perfeccionándose y revitalizándose permanentemente retornando a esos valores; en caso contrario, siempre se reactiva el riesgo de la pérdida de democracia y la aparición de tendencias al autoritarismo. Un elemento fundamental del código de valores que sustenta a la democracia es la necesaria rendición de cuentas de quienes ejercen el poder ante los gobernados; en Europa y EEUU este criterio se desarrolló a partir de la cosmovisión protestante, que tan realistamente comprende que el ser humano tiende hacia el mal y, por tanto, tiende naturalmente al abuso de poder y a la corrupción; contra este riesgo, las sociedades protestantes desarrollaron el concepto de los checks and balances –el equilibrio y mutua vigilancia de todas las instancias de poder– y la accountability, la rendición de cuentas frecuente y pormenorizada de los gobernantes ante los gobernados. Sin rendición de cuentas la democracia se debilita y la autoridad moral del gobernante se convierte en puro poder político.

Y esto mismo se aplica a toda instancia de poder: las instancias financieras, cuando sus actuaciones afectan tan seriamente a la economía de todos, y específicamente cuando están intervenidas por el estado, como Bankia, deben rendir cuentas no sólo ante sus accionistas, sino ante los órganos de representación democrática. Las comparecencias de estos responsables ante comisiones del parlamento  son,  así,  mucho  más  natural  y  frecuentemente aceptadas  en  países  con  tradición protestante de accountability; a nadie se le ocurre aducir razones de supuesta alarma porque rendir cuentas refuerza a quien lo hace bien y descubre a quien tiene algo que ocultar. En este momento de crisis nuestro sistema democrático debe salir reforzado recurriendo a los fundamentos éticos de la democracia; de Europa no sólo debemos traer los dineros del rescate, sino también los mejores hábitos de los países con mayor tradición democrática, los de cultura protestante; en el caso actual debemos importar el hábito de la pormenorizada y frecuente rendición de cuentas.

La transparencia define la profundidad democrática de una sociedad y hay mecanismos para implementarla: uno es la garantía del imperio de la ley, y en este sentido aplaudimos la iniciativa del fiscal general –algo lenta– de investigar posibles delitos en la conformación y salida a bolsa de Bankia. Ahora  bien,  hay  actuaciones  que  pueden  ser  jurídicamente no  punibles, pero  moral  y políticamente inaceptables y  no  pueden quedar impunes; no  hay que salirse del  propio poder judicial: las liberalidades en los gastos del Sr. Dívar, presidente del CGPJ, pueden ser acordes con la legislación vigente, pero éticamente inaceptables.

RESPONSABILIDADES POLÍTICAS Y REPERCUSIÓN SOCIAL

En la gestión de Bankia hay que dirimir responsabilidades políticas y para eso está el parlamento. En   este   sentido,   no   puede   el   gobierno   español   prometer   transparencia   y   rechazar   la comparecencia de responsables del banco ante la subcomisión del FROB, que además se reunirá a puerta cerrada. Las razones aducidas de no crear alarma en los mercados han quedado ya liquidadas tras el rescate. ¿Qué razones creíbles hay ahora para negar luz y taquígrafos en el caso Bankia? Necesitamos ya que sean revelados los quiénes, cómo, por qué, para qué, cuánto, cuándo… Será bueno para tranquilizar y recuperar credibilidad ante los mercados, el Eurogrupo, el FMI, pero sobre todo ante la ciudadanía, que necesita saber. Es un deber ético y democrático del gobierno y del parlamento.

La población necesita además saber cómo le repercutirá el rescate. Seguramente es cierto que se ha negociado bien el préstamo europeo, con un interés muy bueno (3% frente al 6% que pagamos por la emisión de deuda), que se han limitado eficazmente los efectos sobre nuestra fiscalidad y nuestra macroeconomía, pero ese discurso tiene que ser creíble y para eso hay que revelar sin subterfugios las definitivas consecuencias que nos traerá: ¿afecta o no el rescate a la deuda del estado? ¿afecta o no al déficit? Parece que sí, porque el estado no dejará de ser el avalista del préstamo y porque los intereses pueden agravar el déficit público y esto afectará inevitablemente a los presupuestos.

Finalmente, ¿qué eficacia tiene el préstamo europeo sobre las familias y las empresas? Ya estamos muy suspicaces de tanto comprobar que la mala gestión de algunos bancarios la hemos pagado todos, convirtiendo deuda privada en pública; ya nos gustaría que la deuda hipotecaria de muchas familias desahuciadas se aliviase con una llegada al rescate como la del estado con Bankia   –hay antecedentes:  lo hizo el gobierno Bush con las familias endeudadas; en contraste, el 80% de las familias desahuciadas en Madrid lo han sido por Bankia–. Necesitamos tener la seguridad de que este préstamo no se consume equilibrando las cuentas de los bancos, sino se abre el flujo de préstamos para familias y empresas.

Necesitamos reajustar los objetivos, que el rescate de los bancos no se quede en los bancos, que los medios no se conviertan en fines. En diciembre, en un momento en el que todos insistían en las medidas de control presupuestario, la Alianza propuso que se considerasen también medidas de crecimiento y generación de empleo1. Análogamente, también ahora reclamamos que no sólo nos aseguremos de que se cumplan los criterios del Eurogrupo y el FMI para recibir el préstamo, sino que los bancos suelten lo que han recibido y abran el crédito a empresas y familias; este debe ser el objetivo final y prioritario. El Sr. de Guindos así lo ha prometido. Le creeremos si nos asegura un flujo constante de información transparente; su partido tiene una oportunidad inmejorable con la comisión investigadora de Bankia.

Equipo de Autorización



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