Ante  las  declaraciones de  Marion  Gorden  “Pat”  Robertson el  pasado 22  de agosto en su programa televisivo “Club 700” – transmitido por la cadena CBN (canal cristiano que en EEUU alcanza el millón de seguidores) – sugiriendo que el gobierno del presidente George W. Bush debería `deshacerse´ del mandatario venezolano queremos declarar públicamente nuestro rechazo total, uniéndonos a todas las grandes instituciones evangélicas internacionales, con las siguientes consideraciones:

1.- Desde el punto de vista legal y político, estas declaraciones alientan el terrorismo   internacional   de    Estado   y    son     contrarias   a    las convicciones democráticas, que  siempre han  sido defendidas por el protestantismo.

2.- El señor Robertson representa una  minoría radical evangélica que, aunque  con   gran  influencia  en   la  actual  administración norteamericana,  no   representa  en   modo  alguno  a   la   inmensa mayoría de los  evangélicos o protestantes de todo el mundo, que defendemos y trabajamos en pro de la justicia y el amor al prójimo.

3.- Por ello nos  sorprende y nos  indigna que  utilizando la  plataforma de la fe cristiana se induzcan actuaciones basadas en principios contrarios a  los   que   enseñó Jesús en  los   Evangelios. Las   iglesias evangélicas son  promotoras de la paz  con  justicia, del  amor a todos y del  servicio desinteresado. La predicación del Evangelio busca el acercamiento de los pueblos y el afirmar el derecho a la vida. Declaraciones como las del señor Robertson no pueden ser caracterizadas como evangélicas, ni encontrar respaldo en el Evangelio.

Finalizamos con  las  declaraciones de quien verdaderamente nos representa: “Amad a  vuestros enemigos, y orad por ellos, para que seáis hijos de vuestro Padre que  está en el cielo” (Jesús, en Mateo 4:44-45).

 

Alianza Evangélica Española

La Alianza Evangélica Española, como entidad que aglutina la sensibilidad de muchos evangélicos españoles, quiere manifestar su pesar con ocasión del fallecimiento del papa Juan Pablo II. También más allá del aspecto personal reconocemos la importancia global social y política que ha tenido su papado en el  final  de  un  siglo  y  el  inicio  de  otro;  y  como  es  lógico  con  una  especial influencia en el Vaticano, hasta el punto de que su pontificado es un paradigma de lo que la Iglesia Católico-Romana es en el día de hoy.

Es evidente que por un lado Juan Pablo II ha sabido conectar con un sector de la sociedad, que ha visto en él a un hombre cercano en lo personal, y a un defensor de unos criterios morales claros en medio de un momento de confusión en el terreno  de  la  ética.  Sociológicamente  la  Iglesia  Católica  se  ha  convertido, durante el tiempo de su ejercicio ministerial, en el aglutinante de corrientes distintas que se expresan en su seno.

Pero por otra parte entendemos que un papa tan conservador como Juan Pablo II, ha producido un distanciamiento, desconocido en cualquier otra época de la historia, entre las convicciones expresadas por un pontífice y las creencias de aquellos que componen la iglesia católica en su conjunto. A pesar de la aparente apertura al diálogo interreligioso, Juan Pablo II ha sido un papa que se ha reafirmado  en  las  creencias más  exclusivas y monopolizadoras de la  Iglesia Católico – Romana expresadas y reafirmadas en gran parte en el concilio de Trento, sin moverse un milímetro de ellas. Juan Pablo II, que tenía como lema personal “Totus tuus” (Sólo tuyo) dirigido a María, es un papa que no ha estado cercano al espíritu del Evangelio y de los protestantes o evangélicos. Respetando su persona y su celo, Juan Pablo II ha sido un papa no sólo muy Católico, sino a la vez muy Romano.

Reafirmándonos en un documento redactado por la Comisión de Teología de la Alianza Evangélica Mundial, aprobado por la VIII Asamblea celebrada en Singapur en 1886, mientras que reconocemos que hay áreas de posible coincidencia entre el Catolicismo Romano y los evangélicos o protestantes, también afirmamos nuestro llamamiento a ser alternativa a la corriente que representa el catolicismo actual, que en términos de fe es una iglesia que mezcla principios cristianos con otros que no lo son; y en su estructura y actuaciones una institución más cercana a un Estado multinacional que al concepto bíblico de iglesia.

Por último afirmamos una vez más –en la línea de la Reforma protestante- nuestro compromiso con el depósito de la fe contenido como máxima autoridad en la Biblia, que es en términos teológicos un “sí” a Jesucristo, en el poder del Espíritu Santo y para la gloria de Dios el Padre. Creemos que Jesús es la verdadera base de la auténtica Iglesia cristiana y su única cabeza, papel que nada ni nadie puede ni debe usurparle.

Alianza Evangélica Española 

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